Louis Vuitton introduces a menswear proposal that doesn’t replace what exists — it expands it. In that in-between moment of the season — neither fully winter nor entirely spring — the collection offers a clear direction: a hybrid wardrobe where traditional tailoring coexists with athletic ease and meticulous textile detail.

It reflects Pharrell Williams’ vision of the contemporary man, where categories soften and the formal code becomes fluid. The palette follows that transition. Earth tones and menswear classics are punctuated with vibrant accents: airy sky blues, soft vanilla, and an unexpected lilac.

The suit loosens its rigidity. It adapts, becomes versatile, moves seamlessly between contexts without losing presence. House signatures reappear with a playful undertone: suede or nylon track jackets trimmed in leather, embossed reversible blousons, jersey pieces finished with technical Monogram nylon pockets. Everything carries the lightness of spring without slipping into cliché.

Accessories continue the narrative. Monogram Denim bags are woven with delicate floral patterns, and the traditional leather nametag gives way to a watering-can charm. A sculptural bag echoes the same silhouette — ornamental, yet entirely functional.

Footwear sustains the tension between heritage and urban culture: graphic mules and sandals, sneakers drawing from skate and basketball codes, and iterations of the LV Trainer that gather the season’s blooming Monogram into concentrated bursts of color.
A statement on how the Louis Vuitton man dresses now: structured, yet playful. Rooted in tradition, free of rigidity. Luxury understood as movement.

Louis Vuitton presenta una nueva propuesta de menswear que no reemplaza lo existente: lo expande. En un momento de temporada incierta —ni completamente invierno ni del todo primavera— la colección responde con una idea clara: un guardarropa híbrido donde la sastrería tradicional convive con la actitud deportiva y el detalle textil minucioso.

Es la visión de Pharrell Williams para el hombre contemporáneo, donde las categorías se diluyen y el código formal se vuelve más flexible. La paleta acompaña esa transición. Tonos tierra y clásicos del menswear dialogan con acentos vibrantes: celestes aireados, vainilla suave y un inesperado lila.

El traje deja de ser rígido: se adapta, se vuelve versátil, entra y sale de distintos contextos sin perder presencia. Los códigos de la casa aparecen reeditados con espíritu lúdico: track jackets de gamuza o nylon con cuero, blousons reversibles grabados, piezas de jersey con bolsillos técnicos en nylon Monogram. Todo respira primavera sin caer en lo obvio.

En accesorios, se destacan los bolsos en Monogram Denim tejido con patrones florales, y la clásica etiqueta de cuero es reemplazada por un dije en forma de regadera. Incluso aparece un bolso-escultura con esa misma silueta.
El calzado mantiene esa tensión entre herencia y cultura urbana: mules y sandalias con guiños gráficos, sneakers inspiradas en el skate y el basketball, y versiones del LV Trainer que concentran la nueva floración Monogram en explosiones de color.

Una declaración sobre cómo se viste hoy el hombre Louis Vuitton: con estructura, sí, pero también con juego. Con tradición, pero sin rigidez. Lujo entendido como movimiento.






