En un momento en que la industria revisa su relación con el consumo, la moda circular se convirtió en una nueva manera de pensar el guardarropa. En Buenos Aires, The Vintage Hole construyó su identidad alrededor de esa transformación: recuperar prendas, seleccionar piezas con criterio y darles una nueva oportunidad dentro de un circuito donde el tiempo también forma parte de su valor.
El proyecto nació en 2013, a partir de una dinámica entre tres amigas: Lucía Celasco, Micaela Fernández y Chari Belerenian. Lo que comenzó como una feria de ropa en la que intercambiaban prendas que ya no usaban fue creciendo hasta convertirse en showroom y, posteriormente, en un espacio abierto al público.

Detrás de The Vintage Hole están Lucía Celasco, Micaela y Chari, tres amigas que en 2013 transformaron su pasión compartida por la moda en un proyecto de circulación de prendas.
The Vintage Hole no plantea necesariamente una oposición a la moda nueva. Su territorio está en otro lugar: en prolongar la vida de aquello que ya existe. Prendas de grandes marcas, piezas de temporadas anteriores y objetos encontrados conviven dentro de una selección que transforma el acto de comprar en una búsqueda.
Hay algo de archivo en esa lógica. Cada prenda llega con una historia previa y, al entrar nuevamente en circulación, adquiere la posibilidad de construir otra. El vintage deja así de funcionar únicamente como referencia estética al pasado para convertirse en una forma contemporánea de acceder a piezas singulares y extender su recorrido.

La evolución del proyecto también refleja un cambio en los hábitos de consumo. La ropa dejó de ser necesariamente un objeto de uso único y comenzó a pensarse dentro de ciclos más largos: comprar, usar, vender, intercambiar, reutilizar. En ese contexto, The Vintage Hole construyó una propuesta donde la conciencia sobre el consumo convive con algo fundamental para la moda: el deseo.
En ese contexto, The Vintage Hole encontró su lugar: entre el vintage, la moda y una sensibilidad cada vez más consciente sobre aquello que consumimos.
Su espacio en Palermo funciona como una extensión física de esa idea. No se trata solamente de encontrar una prenda diferente, sino de entrar en un sistema donde las piezas pueden volver a circular y donde el tiempo deja de ser un problema para convertirse en parte de su valor.
La moda siempre habló de ciclos. The Vintage Hole lleva esa idea un paso más allá: cuando una tendencia termina, una prenda no necesariamente termina con ella. Puede volver a empezar.

¿Cómo cambió The Vintage Hole desde sus comienzos hasta hoy?
Cambió muchísimo porque también cambió la forma en la que nosotras tres y la gente se relaciona con la ropa. Cuando empezamos en 2013, literalmente éramos tres amigas vendiendo e intercambiando prendas de nuestros propios placares. No existía la conversación que existe hoy alrededor de la moda circular y comprar ropa usada todavía tenía bastantes prejuicios. Con el tiempo pasó de ser una feria a un showroom y después a tener nuestro propio espacio abierto al público. Pero creo que el cambio más grande fue entender que The Vintage Hole no tenía que ser solamente un lugar donde comprar ropa vintage o de segunda mano, sino un espacio donde las prendas vuelven a tener valor y empiezan otra historia.
¿Qué buscás cuando seleccionás una pieza para The Vintage Hole?
No buscamos vintage por el simple hecho de que algo sea viejo. Tiene que haber algo especial en la pieza: puede ser la calidad, el diseño, la marca, el género, un corte increíble o algo que simplemente sabés que hoy alguien volvería a usar. Tenemos desde grandes marcas y diseñadores hasta prendas sin una etiqueta particularmente importante, pero que tienen algo único. Para mí ahí está lo divertido: podés encontrar una pieza de lujo de otra temporada al lado de algo completamente inesperado y las dos pueden tener el mismo valor dentro de la selección.

¿Qué significa hoy el vintage dentro de la moda?
Creo que cambió muchísimo. Antes el vintage estaba muy asociado a una estética específica o incluso a disfrazarse un poco de otra época. Hoy está completamente integrado a la moda contemporánea. También hay una búsqueda mucho más fuerte de identidad. Estamos expuestos todo el tiempo a las mismas tendencias y a las mismas prendas, entonces encontrar algo que no tiene todo el mundo vuelve a ser atractivo. Y además aparece la conciencia de que no necesariamente necesitamos producir algo nuevo para tener algo nuevo en nuestro placard.
¿Cómo evolucionó la relación de la gente con la ropa circular?
Cuando arrancamos había que explicar muchísimo más el concepto. Había gente a la que directamente le generaba mucha duda pensar que una prenda había tenido otro dueño. Hoy una generación entera compra, vende e intercambia ropa con total naturalidad. También cambió la idea de comprar ropa . Ya no necesariamente comprás algo pensando que tiene que quedarse con vos para siempre. Lo podés usar muchísimo durante un tiempo, venderlo y hacer que esa prenda siga circulando. Para nosotros ese cambio fue enorme porque es exactamente la lógica con la que nació The Vintage Hole, incluso antes de que habláramos de “moda circular” como hablamos hoy.

¿Cómo imaginás The Vintage Hole en los próximos años?
Me interesa que The Vintage Hole siga evolucionando y que el espacio sea cada vez más abierto. Después de tantos años entendimos que no queremos quedarnos solamente en comprar y vender prendas, sino construir un lugar donde convivan distintas maneras de consumir moda. Estamos empezando a pensar el local también como una plataforma para proyectos y marcas emergentes que quizás todavía no tienen un espacio físico propio, y que puedan convivir con nuestra selección vintage y circular. Me entusiasma mucho esa mezcla entre piezas que ya tuvieron una vida y diseñadores que recién están empezando la suya. Creo que el futuro de The Vintage Hole está justamente ahí: menos en encasillarnos como una tienda vintage y más en convertirnos en un espacio de circulación, descubrimiento y comunidad alrededor de la moda.




