Hay una pregunta que aparece cada tanto en conversaciones entre amigas, casi siempre después de hablar de lo mal que nos va en nuestras relaciones amorosas y es ¿Cuánto de lo que somos hoy tiene que ver con nuestro padre?

No es una pregunta cómoda, pero aparece. Y bastante seguido.

Porque aunque crecemos, cambiamos de ciudad, de pareja, de trabajo y de versiones de nosotras mismas, hay vínculos que aparecen como fantasmas en nuestra vida adulta. Y el vínculo con nuestro padre suele ser uno de ellos.

Pensé en esto hace poco viendo Sentimental Value, una película que gira alrededor de algo profundamente humano, la relación entre un padre y su hija, y cómo ese vínculo sigue teniendo eco muchos años después.

Es una historia sobre lo que queda, lo que nos queda.

Porque hay algo curioso en la relación paternal que rara vez la analizamos mientras sucede. La entendemos mucho más tarde, cuando empezamos a ver ciertos patrones repetirse en nuestra vida adulta. Se nota en la manera en que elegimos a alguien, y hasta en cómo nos sentimos en general.

A veces es evidente y otras veces es casi invisible.

Con una de mis mejores amigas en particular nos pasa de engancharnos con ese tipo de hombre que nunca está del todo presente. ¿Por qué será?

Lo curioso es que ninguna de las dos lo hace de forma consciente.

Y me hace pensar que se trata de comprender que los primeros vínculos afectivos dejan una especie de mapa emocional. Un mapa que recorremos toda nuestra vida, y sin darnos cuenta a veces nos perdemos en ciertas direcciones. Y lo más interesante es que muchas veces empezamos a verlo recién de adultos, cuando ya estamos tomando decisiones importantes en nuestra vida afectiva.

Las películas que exploran estas relaciones suelen hacerlo desde el conflicto, pero Sentimental Value tiene algo más sutil e interesante porque habla de los recuerdos que nos quedan, de herencias familiares, de emociones y silencios que jamás entendimos.

Y entonces aparece otra pregunta, quizás más interesante que la primera. ¿Qué hacemos con eso cuando finalmente lo entendemos?

Tal vez crecer no sea solo independizarse o construir una vida propia, tal vez también tenga que ver con revisar ese mapa emocional y decidir qué caminos queremos seguir tomando.

Porque al final, incluso cuando creemos que ya dejamos atrás nuestra historia familiar, hay algo inevitablemente humano en mirar hacia atrás para entender hacia dónde estamos yendo. 

Tal vez, parte de madurar sea eso, darse cuenta de que nuestros padres influyeron en nosotros más de lo que pensábamos, hacernos cargo de ello y aún así tener el poder y capacidad emocional para elegir quién queremos ser y a quienes elegimos para compartir el camino que nos queda.

Valentina Bodesman